• José Feliciano

El Tiempo y los Géneros Retóricos





Ximena Donoso Rochabrunt

Coordinadora del programa Tutoría Integral Par de la Facultad de Derecho y profesora ayudante de la Unidad de Aprendizaje de la Dirección de Pregrado de la Universidad de Chile. Profesora de debate, argumentación y pensamiento crítico, con experiencia dictando clases en colegios de alta vulnerabilidad social en Chile como en instituciones extranjeras. Debatiente y jueza de torneos nacionales e internacionales como el Campeonato Mundial Universitario de Debate (CMUDE) y el Torneo de Debate Interuniversitario (ToDI).


Resumen

El propósito general de este trabajo es analizar la relación existente entre los géneros retóricos identificados por Aristóteles y los tiempos presente, pasado y futuro, evidenciando la importancia de vincular la argumentación a un momento temporal determinado y presentando algunas interrogantes acerca de la argumentación en el género judicial y epidíptico en función de la ubicación temporal de los juicios de valor y de la ubicación temporal de los hechos presentes, en especial de la categoría del “ser”.


Introducción

En nuestro diario vivir, nos valemos de estrategias argumentativas para defender nuestras posturas ante diversos escenarios y auditorios. Al momento de tomar postura, utilizamos una serie de estrategias en función de la tesis o “punto de vista” para convencer a nuestro interlocutor de que es la correcta. El objetivo de este trabajo, es presentar los géneros retóricos aristotélicos como estructuras para adquirir recursos textuales que garanticen la efectividad comunicativa y de convencimiento de una determinada postura, analizando la importancia de relacionar dichas estrategias a un tiempo presente, pasado o futuro y constatando que hay momentos en los cuales utilizamos conceptos tales como “belleza” y “justicia”, conceptos que podríamos calificar como juicios valorativos, que están prácticamente “fuera del tiempo” y que debemos temporalizar de alguna forma para poder incluirlo en nuestro discurso. Para esto, entregaremos un breve marco conceptual donde definiremos qué es lo que entenderemos por retórica, con el objetivo final de adentrarnos en la clasificación de los géneros retóricos y analizar la relación de ellos con el tiempo. Finalmente, presentaremos nuestras conclusiones generales, abriendo un espacio a la reflexión sobre nuestra propia forma de argumentar y modificar el mundo a través de la argumentación.


I. Concepto de retórica

Se ha señalado que el término “retórica” proviene del griego y que “surge como un conjunto de reglas y conocimientos para adquirir una exposición convincente y con una finalidad claramente establecida para adecuar su elaboración a ella, es decir, como arte o técnica de la persuasión con la base científica de lo verosímil o probable”[1]. Desde sus inicios, se han construido distintas concepciones de este concepto asociándose a las más variadas corrientes filosóficas, desde la visión sofista del término hasta la llamada “retórica de la argumentación” que la relaciona con la filosofía[2]. En este trabajo, sin intención de adentrarnos en las discusiones sobre el significado del concepto, nos referiremos a la retórica aristotélica, concebida como la “facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer”[3], en ese sentido, entenderemos que la tarea de la retórica no consiste únicamente en persuadir, sino en “reconocer los medios de convicción más pertinentes para cada caso, tal como ocurre con todas las otras artes (pues no es propio del médico el hacerle a uno sano, sino dirigirse hacia ese fin hasta donde sea posible)”[4].


II. Caracterización de los Géneros retóricos

Con miras a identificar los medios de convicción más pertinentes para convencer, Aristóteles identifica 3 componentes de todo discurso: (i) el que habla, (ii) aquello de lo que habla y (iii) a quién se le habla. En virtud del público al cual está dirigido el discurso, clasifica 3 géneros retóricos: si el público puede decidir en función del tema planteado en el discurso, se tratará del género deliberativo o judicial, y si el público no puede decidir ni actuar sobre el discurso del orador, estaremos ante el género epidíptico o demostrativo[5].

El género deliberativo, enmarca a los discursos que se pronuncian ante una asamblea para decidir sobre la conveniencia o no de realizar lo que se propone. En resumen, busca determinar si una política es o no conveniente, y es el tipo de discurso que podemos oír en las discusiones sobre políticas públicas, los debates previos a las votaciones de una ley, etc.

El género judicial, engloba exposiciones realizadas ante un juez con el objetivo de acusar o defender a algo o alguien con respecto a un asunto del pasado. Se ha dicho que en este tipo de discurso de busca determinar si algo “es o no es” de determinada forma, como por ejemplo, cuando se realizan afirmaciones del tipo “Chile vivió una dictadura entre 1973 y 1990”.

Finalmente, el género epidíptico tiene como finalidad elogiar o denigrar algo o alguien, esto es, emitir un determinado juicio de valor sobre una persona, cosa o situación.

En resumen, los géneros retóricos pueden agruparse de la siguiente forma:


Si bien esta clasificación fue realizada en la antigüedad, podemos ver su plena vigencia en nuestros días, ya que “no cambian los géneros, cambia la forma de comunicación de los mismos y la extensión del auditorio, que ya no queda reducido al discurso oído por los presentes o recibido por los antiguos medios de comunicación escritos, muy limitados respecto de los actuales”[6].

Según el género retórico a utilizar, cambiarán los recursos textuales necesarios y las estructuras discursivas para que el mensaje y su finalidad persuasiva sean eficaces, es por esto que es necesario que el orador determine de qué clase de género va a realizar su exposición[7]. Las estrategias para construir un discurso de cada tipo se pueden resumir de la siguiente forma[8]:



III. Relación de los géneros retóricos con el tiempo

Además de las características ya señaladas, la ubicación temporal es decisiva para la clasificación de los géneros, estando cada uno de ellos asociado específicamente al presente, pasado y futuro: el género deliberativo, al referirse a la conveniencia de seguir una determinada política pública se refiere al futuro, ya que busca convencer de los beneficios que traería implementar una determinada política (beneficios que, al no ser concretos en el presente, necesitan una fundamentación en torno a las probabilidades de que estos se materialicen en el futuro); el género judicial se refiere al pasado, ya que su finalidad es determinar si determinado hecho sucedió efectivamente o no, como por ejemplo, si A asesinó efectivamente a B y por ende A debe ser declarado culpable (por el hecho que cometió en el pasado) y finalmente, el género epidíptico se refiere al presente[9], toda vez que por regla general se busca emitir un juicio de valor actual acerca de una determina cosa o persona.


Esta clasificación temporal de los géneros retóricos es importante por diversas razones. En primer lugar, porque el tiempo sobre el cual se argumenta una determinada tesis delimita la carga probatoria del orador, ya que en virtud del momento temporal en el que nos encontremos podremos seleccionar un género retórico que nos brinde estrategias más convenientes para defender un punto de vista. Por ejemplo, al tener consciencia de que estoy argumentando a favor de la implementación de una política futura (por ejemplo, implementar un sistema de votación obligatoria), lo que me preocuparé de hacer es identificar una problemática en las políticas presentes[10]para evidenciar la necesidad de realizar un cambio futuro.

En segundo lugar y en el sentido de lo señalado anteriormente, esta asociación entre géneros retóricos y tiempo es relevante porque dicha clasificación asume que la argumentación es capaz de modelar el mundoen espacios temporales supuestamente “inmodificables” como el pasado y proyectar nuevas perspectivas hacia el tiempo futuro. Como señalaba en el ejemplo anterior, a través de la utilización del género deliberativo ofrecemos razones para que el mundo cambie en un espacio temporal que aún no ocurre, el futuro, considerando, en la misma línea que el profesor Holzapfel, que “el poder de la palabra radica no únicamente en lo que podríamos llamar ‘carga de realidad’, sino también en su carga de lo posible, de lo futuro, de nuestras proyecciones, incluso en su ‘carga de fantasía, de ficción’”[11]siendo entonces los argumentos los que mueven finalmente el mundo[12]. En el caso del género judicial, su asociación con el tiempo pasado asume que a través de la argumentación podemos modificar la convicción acerca de determinados hechos que ya sucedieron y que se supone deberían ser “incontrovertibles”. Asumir que se puede discutir acerca del pasado, implica implícitamente que los sucesos anteriores son casi igual de relativos que los futuros, ya que de lo contrario sería imposible debatir bajo el género judicial.

En tercer lugar, esta asociación es importante ya que nos abre una serie de interrogantes interesantes en relación a nuestra percepción del tiempo cuando argumentamos. En el caso del género deliberativo, podemos notar que está dirigido a un futuro que supuestamente está delimitado por los alcances que tendrá la política que estamos apoyando, pero podemos ver que con las nuevas tecnologías el discurso deliberativo (al igual que el epidíptico y el judicial) se expande sin límites. En ese sentido, Ruiz de la Ciervaseñala que la recepción se amplía en el espacio y en el tiempoy un determinado discurso, por ejemplo, deliberativo, que se pronuncia para que se tome una decisión sobre un hecho presentado, no sólo lo reciben aquellos que van a tomar la decisión que se les pide, sino que también va a llegar a un auditorio que lo recibe mediante la radio, la prensa, la televisión o Internet y al que no se le exige ninguna decisión. Es fundamental que el orador tenga esto muy presente en nuestra sociedad actual, en la que las comunicaciones permiten que cualquier discurso, del género que sea, llegue al conocimiento de los miembros de una sociedad plural, tanto desde el punto de vista cultural como ideológico, social, económico, moral, religioso o político”[13]. Es de este modo como en la actualidad el discurso, sin importar su género, se expande a los límites infinitos de los nuevos medios de comunicación y almacenamiento digital, quedando su finalidad inicial a disposición de nuevos oradores y receptores.

En el caso de los géneros judicial y epidíptico la situación se pone un poco más compleja. El género judicial, es usado para referirse a los hechos del pasado para hacer una clasificación en el presente, por ejemplo, para decir “Juan es culpable del asesinato de Pedro” es necesario que primeramente me refiera a los hechos pasados que dieron lugar al asesinato y así determinar la culpabilidad pasada que se extiende hasta el presente de Juan. En ese caso, parece evidente que para determinar que Juan tiene una categoría en el presente debemos remitirnos al pasado. Pero, ¿a qué momento nos referimos cuando queremos sostener afirmaciones tales como “Martina es un perro”? la pregunta central detrás de esto, es en qué tiempo nos ubicamos cuando queremos discutir acerca del “ser” de determinado objeto o sujeto. Siguiendo al profesor Holzapfelen relación a lo postulado por Parménides, el “ser” es necesariamente eterno, específicamente ubicado en la “eternidad del eterno presente” y por ende es un concepto que se encuentra “fuera del tiempo”[14]ya que “el ser estará, será siempre, nada ni nadie lo podrá apagar, extinguir o destruir”[15]. Cuando queremos sostener una tesis como la ya mencionada, lo que solemos hacer es referirnos a las características del objeto o sujeto que hemos constatado en el pasado para justificar que se le puede aplicar una categoría de “ser” en el presente: por ejemplo, podemos decir que sabemos –porque lo hemos visto en algún momento del pasado- que Martina es un animal, que es digitígrada, que su hocico tiene determinada forma, etcétera y así demostrar que Martina “es” efectivamente un perro, ya que cuando intentamos hablar acerca del ser en el presente nos vemos en una tarea imposible toda vez que el presente es tan solo un instante. En ese sentido, es necesario evidenciar que cuando hablamos del “ser” de las cosas, no argumentamos en base a su eternidad ni a su permanencia en el presente, sino que necesariamente nos referimos a sus características pasadas y por ende, cuando hablamos de “hechos presentes” es necesario delimitar qué intervalo temporal del pasado considerarnos para estos efectos como “presente” y qué intervalo se mantendrá como “pasado”.

Esto puede evidenciarse de mejor forma en tesis propias del género epidíptico, donde asignamos un determinado juicio de valor a una situación, objeto o persona. Cuando sostenemos tesis como “la decisión fue justa” o “Javiera es bella”, ubicamos los juicios de valor “justo” y “bello” en un espacio temporal determinado, que también se ubica en el pasado (o en esto que podemos llamar “el intervalo de pasado que consideraremos como presente para estos efectos”), pero no nos referimos de manera abierta y descontextualizada a los conceptos “justicia” o “belleza” ya que ellos no se encuentran en ninguna parte en particular, son entelequias que se van dotando de significado según determinados contextos. Es por eso que cuando nos toca definir “justicia” y “belleza” para atribuírselo a algo o alguien, lo hacemos bajo determinados parámetros en virtud del contexto histórico, social, etcétera, intentando siempre “temporalizar” conceptos que en sí mismos se encuentran fuera del tiempo[16]. Es así, que aun cuando estemos hablando de algo bello o justo en el presente, en realidad lo estamos haciendo bajo marcos conceptuales pasados.


Conclusiones

A lo largo de este trabajo, mostramos a los géneros retóricos como herramienta para estructurar de manera más eficiente el discurso según el público al cual está dirigido el discurso y según el momento temporal sobre el cual versan. Constatamos que a través de la argumentación en función de los diversos géneros se pueden reinterpretar sucesos de espacios temporales “inmodificables” como el pasado utilizando el género judicial y modelar el futuro, utilizando el género deliberativo e incluso el género epidíptico, ya que el asignarle un juicio valorativo a algo fortalece la disposición a realizar una determinada acción[17]. A su vez, analizamos las tesis relativas al ser y a los juicios de valor, determinando que estos conceptos se ubican en momentos a-temporales y que necesariamente debemos contextualizar en algún momento del pasado. En suma, a través de este trabajo pudimos darle sentido a lo señalado por Fairclough y Wodak: “El discurso es socialmente constitutivo así como está socialmente constituido: constituye situaciones, objetos de conocimiento, identidades sociales y relaciones entre personas y grupos de personas. Es constitutivo tanto en el sentido de que ayuda a mantener y a reproducir el statu quo social, como en el sentido que contribuye a transformarlo”[18].


Referencias Bibliográficas

[1]Ruiz de la Cierva, M. Los géneros retóricos desde sus orígenes hasta la actualidad. [en línea] http://www.rhetorike.ubi.pt/00/pdf/carmen-los_generos_retoricos.pdf[consulta: 11 junio 2018], p. 2.

[2]Tal como lo hacen Perelmany Olbrechts-Tytecaen su Tratado de la Argumentación.

[3]Aristóteles, Retórica, trad. Quintín Racionero, Madrid, Editorial Gredos, 1999, p. 173.

[4]Ídem, p. 173.

[5]Ruiz de la Cierva, M. Op. cit., p. 8.

[6]Ruiz de la Cierva, M. Op. cit., p. 28.

[7]Cfr. Ruiz de la Cierva, M. Op. cit., p. 13.

[8]Cfr. Albornoz Barrientos, J.Manual ASPADE: Debate y Argumentación para el desarrollo de pensamiento crítico, [en línea] < https://www.academia.edu/32943623/Manual_ASPADE_Debate_y_Argumentaci%C3%B3n_para_el_desarrollo_de> ; Fundación Mar Adentro, Manual Básico del Debatiente, [en línea] <https://www.academia.edu/23207472/Manual_B%C3%A1sico_del_Debatiente._Mar_Adentro_A.C>.

[9]También se puede referir al pasado y al futuro, mientras se hagan juicios de valor sobre algo ocurrido en esos intervalos temporales.

[10]No las pasadas, ya que puede ser que las políticas deficientes pasadas ya hayan encontrado solución con las políticas del presente.

[11]Holzapfel, C. Argumentación y Proyección de mundo. Santiago, Editorial Universitaria, 2015, p. 46.

[12]Ídem.

[13]Ruiz de la Cierva, op. cit., p. 29.

[14]Cfr. Holzapfel, C. Ser humano: Cartografía antropológica. Santiago, Publicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, 2014, pp. 11-12.

[15]Ídem, p. 12.

[16]Es por eso que solemos usar frases tales como “esto es injusto bajo los parámetros del debido proceso del siglo XXI”, ya que reconocemos que en periodos anteriores el “debido proceso” no era un criterio de justicia, etc.

[17]Perelman, C.H., Olbrechts-Tyteca, L. Tratado de la Argumentación: La nueva retórica, 5a ed., trad. Julia Sevilla Muñoz, Madrid, Editorial Gredos, 1989, p. 98.

[18]Fairclough, N., Wodak, R. “Critical Discourse Analysis”, en T.A. Van Dijk (ed.), Discourse Studies. A multidisciplinary Introduction, vol. 2: Discourse as interaction, Londes, Sage, 1997, p. 258.


Bibliografía

· Albornoz Barrientos, J.Manual ASPADE: Debate y Argumentación para el desarrollo de pensamiento crítico, [en línea] < https://www.academia.edu/32943623/Manual_ASPADE_Debate_y_Argumentaci%C3%B3n_para_el_desarrollo_de> [consulta: 17 junio 2018].

· Aristóteles, Retórica, trad. Quintín Racionero, Madrid, Editorial Gredos, 1999.

· Fairclough, N., Wodak, R. “Critical Discourse Analysis”, en T.A. Van Dijk (ed.), Discourse Studies. A multidisciplinary Introduction, vol. 2: Discourse as interaction, Londes, Sage, 1997. pp. 258-284.

· Fundación Mar Adentro, Manual Básico del Debatiente, [en línea] https://www.academia.edu/23207472/Manual_B%C3%A1sico_del_Debatiente._Mar_Adentro_A.C. [consulta: 17 junio 2018]

· Holzapfel, C. Argumentación y Proyección de mundo. Santiago, Editorial Universitaria, 2015.

· Holzapfel, C. Ser humano: Cartografía antropológica. Santiago, Publicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, 2014.

· Perelman, C.H., Olbrechts-Tyteca, L.Tratado de la Argumentación: La nueva retórica, 5a ed., trad. Julia Sevilla Muñoz, Madrid, Editorial Gredos, 1989.

· Ruiz de la Cierva, M. Los géneros retóricos desde sus orígenes hasta la actualidad. [en línea] http://www.rhetorike.ubi.pt/00/pdf/carmen-los_generos_retoricos.pdf[consulta: 11 junio 2018].

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